Las letras que hoy se desprenden de mis dedos,
tuvieron lugar en mi alma y mis desvelos.
Moriviví,
planta mimosa,
es mi cuerpo.
un mecanismo de defensa para los carnívoros, rastreros.
Y, no es por ellos que escribo ni me marchito.
Es por mí y la divinidad, que todos llevamos dentro.
Parece difícil permanecer vidente ante el delirio que provoca,
ser más que pellejo.
De forma abrupta me refiero,
porque no somos más que eso;
cuando nos desatamos de la ternura que se nos fue dada desde el nacimiento.
[Gracias Azbel Dupín, confidente]
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